Solemos tratar a la inteligencia artificial como si fuera mal tiempo, algo que aguantamos, que pasará, que nos obliga a abrir el paraguas unos meses hasta que vuelva la normalidad.
Los datos confirman la trampa. Según McKinsey, el 88% de las empresas ya usa IA en al menos una función, pero solo el 7% la ha integrado en toda la organización. Y en nuestro terreno duele más: el 91% de las agencias de marketing usa IA, pero apenas el 34% obtiene resultados transformadores. Pitch AvatarALM Corp
La diferencia está en cómo la entendemos. Una heladera es una herramienta: hace un poco mejor algo que ya hacíamos. La electricidad pertenece a otra categoría, es un habilitador. Hizo posible la heladera, sí, pero también el ascensor, la cadena de montaje y el cine. No mejoró el mundo anterior, inauguró uno nuevo.
Eso es un habilitador, un hecho que cambia la forma de trabajar, de pensar y de relacionarnos a escala planetaria. Internet fue el último, no aceleró el correo postal, creó el comercio electrónico y el trabajo remoto. La IA juega en esa liga, y ya se nota dónde. Pasamos de una IA que responde a una que ejecuta, antes te ayudaba a redactar un email; hoy detecta el lead, decide si encaja y agenda la llamada por su cuenta. Tanto, que el 76% de los líderes ya describe a estos agentes como compañeros de trabajo, y Gartner proyecta que el 40% de las aplicaciones empresariales incorporará agentes especializados a finales de 2026, frente al 5% actual.
Por eso el error más caro hoy es pedirle a la electricidad que se comporte como heladera, usarla solo para ir más rápido y recortar costes. Optimizamos la bottom line y dejamos intacta la top line, todo eso que antes era imposible ofrecer.
Alex Eduardo Marín El Branding es Amor
