Cuando el objeto vuelve a construir marca
Hoy las personas esperan algo más que productos o servicios bien ejecutados. Buscan sentido. Buscan marcas capaces de responder a una pregunta esencial: por qué existimos y para qué estamos aquí. El propósito se ha convertido en el eje que ordena la identidad, guía las decisiones y conecta con las personas desde un lugar más profundo.
El concepto de Ikigai lo explica con claridad. Es el punto donde se cruzan lo que amas, lo que sabes hacer, lo que el mundo necesita y aquello por lo que pueden recompensarte. Cuando una marca encuentra ese punto, deja de perseguir atención y empieza a generar vínculo. Y ese vínculo nace de algo muy humano: el amor propio y la contribución hacia los demás.
Construir una marca con propósito implica mirarse con honestidad, reconocer fortalezas y límites, y decidir cómo aportar valor real al entorno. Ese ejercicio no es solo estratégico; es profundamente emocional. Una marca que se respeta a sí misma comunica coherencia. Una marca que se cuida transmite confianza. Por eso decimos que el branding es amor: amor puesto en decisiones, en procesos y en relaciones sostenidas en el tiempo.
Marcas como Veja lo demuestran con claridad. Desde el inicio eligieron comercio justo, materiales orgánicos y transparencia radical, incluso cuando eso suponía crecer más despacio. Su coherencia no se anuncia; se vive. Algo similar ocurre con Tony’s Chocolonely, una marca que nació para erradicar la esclavitud en la industria del cacao y que integró su propósito en el propio diseño del producto, en su comunicación y en toda la cadena de valor. El negocio existe como consecuencia de una causa clara.
En Indigo Koncept trabajamos desde esa misma convicción. Acompañamos a marcas y líderes a descubrir el propósito en el origen de sus proyectos, a ordenar su identidad y a construir desde ahí. Creemos que cuando una empresa entiende su razón de ser, toma mejores decisiones, conecta con su comunidad y crece de forma más sostenible.
El propósito no es una campaña ni una frase bonita. Es una forma de estar en el mundo. Cuando una marca se construye desde la contribución positiva, el impacto llega como resultado natural. Y ahí ocurre algo poderoso: el crecimiento deja de ser solo económico y se convierte en significado compartido.
